martes, febrero 19, 2008

JOSE MARIA BARREDO

La noche previsible

Vivir la madrugada no conmueve,
existe un techo que es el cielo raso,
el tránsito no escucha somnolencias,
hay gritos que traspasan las paredes
y sombras que florecen
las veinticuatro horas de una noche.

Que buscan el amparo de otras sombras
bajo el cuerpo de mil lunas,
espejos en la madrugada con sonrisas
impacientes que proponen lo inaudito,
canciones que se afinan con voz ronca
y sueños con tesoros escondidos
en la ronda de una calle secreta.

Las doce, el viaje de vampiros
que arañan su ración de sangre
colgados en los cielos verticales,
ladrones que desnudan corazones
y despliega el compás de una navaja
que rasga muy despacio el aire.

Vivir la madrugada, descubrir
entrelazados cuerpos que se funden,
otro asalto que busca amanecidas
espesas como niebla de diciembre.
La vida son noctámbulos delirios
y nada son las horas regaladas.
La noche previsible.

Vivir la madrugada no conmueve
a casi nadie.